En Psicología con Alma hemos comenzado una nueva colaboración con La 8 Palencia dentro del programa 8 Magazine, un espacio en el que iremos abordando diferentes temas relacionados con la salud mental y el bienestar emocional.
En esta primera intervención hablamos sobre ansiedad, una realidad cada vez más presente en nuestro día a día y que, sin embargo, sigue siendo una gran desconocida para muchas personas.

¿Qué es realmente la ansiedad?
La ansiedad es un mecanismo de respuesta universal. Todas las personas la experimentamos en algún momento de nuestra vida.
Se trata de un conjunto de respuestas fisiológicas y psicológicas que aparecen cuando percibimos una amenaza, ya sea real o imaginaria. Y aquí encontramos una de las claves más importantes: nuestro cerebro no siempre
diferencia entre aquello que está ocurriendo realmente y aquello que estamos anticipando o imaginando.
Por eso, la ansiedad no es mala en sí misma.
Su función es ayudarnos a sobrevivir, prepararnos para actuar y protegernos cuando existe un peligro.
El problema aparece cuando esa respuesta se mantiene en el tiempo aunque el peligro ya no exista o cuando vivimos en un estado de alerta constante.
¿Por qué parece que cada vez hay más ansiedad?
Probablemente influyen varios factores.
Por un lado, hoy hablamos más de salud mental y eso nos permite identificar situaciones que antes pasaban desapercibidas.
Por otro, vivimos en una sociedad cada vez más acelerada. Estamos expuestos a estímulos constantes, a la comparación a través de las redes sociales y a un ritmo de vida que deja poco espacio para el descanso, la naturaleza o la actividad física.
Cada vez tenemos menos momentos para parar y escucharnos.
Y eso tiene consecuencias.
Cuando sentimos ansiedad sin saber por qué
Una de las situaciones más frecuentes en consulta es la de personas que llegan diciendo:
«Estoy mal, pero no sé por qué.»
A menudo esperan encontrar un único motivo que explique lo que les ocurre. Sin embargo, la ansiedad rara vez aparece por un único acontecimiento.
Podemos imaginar nuestra vida emocional como una gran casa con muchas habitaciones.
A lo largo de los años vamos acumulando experiencias, emociones, preocupaciones y heridas que no siempre aprendemos a gestionar. Durante mucho tiempo parece que no ocurre nada, pero llega un momento en el que ya no queda espacio para seguir guardándolo todo.
Y es entonces cuando aparecen síntomas como la ansiedad, el insomnio, la irritabilidad o las somatizaciones.
No suele ser el último problema el que provoca el colapso.
Suele ser la acumulación.
La ansiedad también puede estar intentando decirnos algo
Muchas personas viven la ansiedad como una enemiga a la que hay que eliminar cuanto antes.
Sin embargo, podemos verla de otra manera.
Igual que el panel de un coche nos avisa cuando algo necesita atención, la ansiedad puede estar señalándonos que hay aspectos de nuestra vida que necesitan ser revisados.
Quizá estamos sosteniendo demasiado tiempo situaciones difíciles.
Quizá estamos intentando controlarlo todo.
Quizá llevamos años ignorando nuestras necesidades emocionales.
La ansiedad no siempre viene a destruir.
A veces viene a avisar.
El control: uno de los grandes generadores de ansiedad
Existe un factor que aparece con mucha frecuencia detrás de la ansiedad: la necesidad de control.
Queremos saber qué va a ocurrir, evitar equivocarnos, anticiparnos a los problemas y garantizar que todo salga como esperamos.
Sin embargo, la vida está llena de incertidumbre.

Y cuanto más intentamos controlar aquello que no depende de nosotros, más ansiedad solemos experimentar.
La verdadera sensación de seguridad no nace del control absoluto.
Nace de la confianza, la flexibilidad y la capacidad para adaptarnos a lo que la vida trae.
Escuchar nuestras emociones también es salud mental
Durante muchos años hemos aprendido a evitar emociones como la tristeza, el miedo o la vulnerabilidad.
Todavía hoy escuchamos frases como:
- No llores.
- No es para tanto.
- No le des más vueltas.
Generalmente se dicen con buena intención.
Sin embargo, las emociones necesitan ser escuchadas, no anuladas.
Permitirnos sentir no es una señal de debilidad.
Es una muestra de fortaleza y de salud emocional.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
No es necesario esperar a estar completamente desbordados.
Si la ansiedad es intensa, si interfiere en tu día a día o si sientes que llevas demasiado tiempo sosteniendo un malestar que no desaparece, puede ser un buen momento para buscar apoyo profesional.
Pedir ayuda no significa que estés roto.
No significa que seas débil.
Significa que estás prestando atención a algo importante que necesita ser escuchado.
La ansiedad no define quién eres.
Es un momento concreto de tu vida, no tu identidad.
Y aunque en ocasiones pueda parecer que no hay salida, es posible comprenderla, gestionarla y recuperar la sensación de bienestar.
Dar el primer paso suele ser difícil.
Pero no tienes por qué recorrer ese camino en soledad.
Entrevista completa en La 8 Palencia
A continuación puedes ver la intervención completa de Silvia Alonso, directora de Psicología con Alma, en el programa 8 Magazine de La 8 Palencia, donde hablamos sobre ansiedad, salud mental y bienestar emocional.